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Agustín Lizárraga nació en Mollepata, un pueblo ubicado a espaldas del monte Salkantay y a unos 20 kilómetros en línea recta de Machu Picchu. Cuando tenía 18 años, junto con su hermano menor ángel Mariano -su abuelo-, salió del pueblo en busca de una alternativa para su vida: no quería enrolarse en el ejército peruano, que en la época buscaba nuevos reclutas. Así, se asentaron en el valle de Aobamba, tierras que entonces nadie conocía ni controlaba, y comenzaron a cultivar maíz, hortalizas y granadilla. Con el tiempo, los Lizárraga se transformaron en prósperos agricultores y extendieron sus cultivos hacia San Miguel, una zona muy transitada en esos años por comerciantes y arrieros: era el punto obligado de conexión con el Cusco. 

En 1890 el gobierno peruano había completado el camino que corre a orillas del río Urubamba y, con eso, todo este sector -que se encuentra justo debajo de Machu Picchu- se había vuelto a repoblar lentamente. Machu Picchu, pese a que aún no se conocía, tenía dueño: los terrenos donde estaba pertenecían a la hacienda Collpani, de la familia Ochoa.

Agustín Lizárraga era arrendatario de los Ochoa y, además, uno de los hombres más preparados de la zona. Un hombre de clase media de principios del siglo 20, tal como lo sugiere la única fotografía que se conoce de él, donde aparece con traje, sombrero y un pequeño y cuidado bigote. Talvez fue por eso que el Ministerio de Transporte decidió asignarle un cargo especial: sería algo así como un oficial de caminos, un cobrador de impuestos del Estado que tenía a su cargo todos los puentes desde el Cusco hasta Quillabamba.

Subían jadeantes por la ladera, machete en mano para despejar de vegetación el camino inca que habían descubierto. Agustín Lizárraga iba al frente, más atrás lo seguían Gabino Sánchez y Enrique Palma. Iban en busca de terrenos para ampliar los cultivos que ya realizaban al pie del cerro, más allá, cerca del poblado de San Miguel. Su sorpresa fue grande, cuando al culminar la ladera, pasado el medio día, Lizárraga no sólo encontró el terreno codiciado, sino que vio surgir ante sus ojos la maravillosa ciudad inca Machu Picchu, dormida en el follaje quizá desde los tiempos del inca Manco Capac.

Lizárraga caminó hasta una especie de templo con tres ventanas y en una de las paredes “A. Lizárraga, 14 de julio de 1902”. Tiempo después volvería frecuentemente a limpiar sectores para sus cultivos, y contrataría a los peones Toribio Richarte y Anacleto álvarez para que se asentaran y trabajaran en el lugar. También traería a Melchor Arteaga, que vivía en el cercano poblado de Mandor Pampa, para que le ayudase en la tarea. E incluso regresaría como guía: en 1904, Lizárraga habría conducido a 12 personas interesadas en conocer la ciudadela -entre ellos la hija del dueño de la hacienda Collpani, María Ochoa Manga-, en la que sería la primera excursión turística a Machu Picchu.

El 24 de julio de 1911 Hirham Bingham pudo ver la ciudad de Machu Picchu. Despuésde cinco horas de ascensión, acompañado del niño Pablo Álvarez y del sargenton Fabián Carrasco se presentaba ante sus ojos lo que creía era la ciudad perdida de los incas. Este hecho le otorgó notoriedad mundial a través de la difusión que la National Geographic Society.

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