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En su novela "La vuelta al mundo en la Numancia" Capítulo XIV de Benito Pérez Galdós, cuenta como en un almuerzo se sirve pisco como acompañante del arroz con pato y el sancochado.

Acudió Mendaro a la tienda con una solicitud presurosa, que era como la medida de los pantalones que en el gobierno doméstico gastaba su mujer; y esta, entre tanto, hizo cumplido elogio de los platos que serviría y de su condimento.

«Señor Diego, ¿le gusta a usté el arroz con pato? ¿Sí? Pues como el que yo he guisado para usté no lo habrá comido nunca, ni lo comerá mejor la Reina de España... ¡Ay, qué cosas dicen acá de su Reina de ustés, la Isabel!... Pues también le pondré un tamal que ha de saberle a gloria... Los españoles no saben hacer buena comida... ¿Verdá que en España no hay maíz?... Por eso vienen aca ustés tan amarillos... por eso andan doblados por la cintura, como si se les cayeran los calzones... ¿Le gusta a usté el sancochado? ¿En España hay sancochado? ¿Qué dice? Ya; que allá tienen el cocido. Pues yo he comido cocido español, y no me gusta... ¿Es verdá que en España no da la tierra más que garbanzos y aceitunas?... Las aceitunas las como yo cuando el médico me manda gomitivo... Y esa Reina que allí tienen, ¿cuándo la gomitan ustés?».

Con estos y otros dicharachos puso la mesa, y a punto volvió Mendaro de la tienda con una botella de pisco y dos de vino del país.

«Este es el Valdepeñas de acá -dijo a su amigo-. No es malo; se sube hasta el primer piso, y de ahí no pasa. Si bebes mucho, te pondrás alegre y dirás lo que dice el nombre de Arequipa: aquí me quedo. Este aguardiente blanco que llamamos pisco, es de vino... cosa buena: los que empinan mucho, ven a Dios en su trono».

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