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En la publicación "Museo Universal" de Madrid, 14 de julio de 1867, el viajero Angel Aviles hace una descripcion de una comida que saborea en Lima donde toma aguardiente de Pisco, "que es una de las bebidas de este género mejores que hay en el mundo".

Apeámonos, y dimos los caballos á los negros para que los llevaran al galpon, sitio donde viven confundidos en amigable consorcio negros y animales.

A poco de llegar, nos sirvieron un almuerzo, Compuesto de varios manjares del pais, perfectamente aderezados; en tal manera, que puedo decir, como se dice vulgarmente, que nos chupamos los dedos: no sé si á esto contribuiría el apetito que llevábamos, no habiendo lomado nada desde nuestra salida de Lima.

Ello es que dejamos limpios los platos, tan limpios, que, dimos un verdadero sentimiento á dos ó tres hermosos gatos que nos rodeaban maullando como unos descosidos. El chupe, el sancochado, etc., etc.. pasaron con estraordinaria rapidez á nuestros hambrientos estómagos, recreando después el paladar con un riquísimo café de Yangas, pueblo del interior del Perú, donde el café que se produce compite en aroma con el célebre de Moka, fumándonos unos habanos verdaderos, y gustando en copitas muy pequeñas el delicioso aguardiente de Pisco, que es una de las bebidas de este género mejores que hay en el mundo.

No faltaron las paltas ó aguacates, fruta que. sirve de entremés, y se come con sal y pimienta ó sal sola, en cuyo caso tiene un sabor muy semejante al de la manteca mezclada con almendra. Tampoco faltó la chirimoya, que es quizás la fruta mas delicada que se conoce, la granadilla , el plátano y otras de cuyo nombre no me acuerdo.

Después de almorzar, decidimos salir á la Costa, cerca de la cual estaba la casa de campo, con el objeto de ver si podíamos cazar algún lobo marino, cosí que todos deseábamos, particularmente yo, que sólo había visto estos animales disecados en los gabinetes y museos de historia natural.

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