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Aduana y muelle de Iquique Perú.
La Ilustracion Española y Americana num XXXII pag 133
  
En 1826 en Iquique se enfrentaron un sector del ejército radicado en Tarapacá, opositor a la designación de Simón Bolívar como Presidente Vitalicio, con fuerzas leales a su gobierno, que invadieron la provincia.

El 9 de marzo de 1828 el gobierno permitió la exportación de desmontes de Huantajaya. En mayo de ese año el Presidente José La Mar autorizó a Juan Alba para explotar y exportar salitre, a cambio de pagar un impuesto del cuatro por ciento sobre quintal exportado. El éxito de ambas iniciativas posibilitó, a partir de marzo de 1830, la restauración de la aduana, inoperante desde inicios de siglo. Ese año se exportarían por el puerto más de ochocientas toneladas de nitrato. Cuatro años después los envíos se habían sextuplicado.

Mientras en 1824 el número de habitantes no pasaba de los cien, en 1833 superaba los seiscientos. Buena parte de los nuevos residentes eran extranjeros. En 1826 los británicos George Smith y William Bollaert se vincularon a la industria del salitre y prepararon el primer mapa general de la provincia, radicándose en Iquique por años. En 1839 el francés Alejandro Cochet inauguraba el primer laboratorio químico de la ciudad.

El atractivo comercial derivado de la transformación del puerto en punto exportador del salitre fomentó también la especulación. El sobreprecio de los productos podía ser pagado por algunos visitantes, pero no por todos los habitantes.

Manuel Mendiburu, Prefecto de Iquique Perú
En 1834 el general Domingo Nieto se sublevó en Arequipa contra el gobierno de Luis José Orbegoso, quien dispuso el bloqueo de Arica, suspendiendo el envío de todo tipo de provisiones a Iquique. La guerra entre el Ejército Unido Restaurador y la Confederación Perú-Boliviana, iniciada en 1836, implicó que a fines de ese año, el gobierno del protector Andrés de Santa Cruz, temiendo un eventual desembarco de la ciudad, dispusiera la destrucción de todo el salitre almacenado en el puerto y el traslado hacia el interior, lejos de la línea de fuego, de la totalidad de especies resguardadas en la aduana, al igual que víveres y provisiones esenciales. La guerra incentivó el contrabando por puertos el puerto de Pisagua reduciendose los ingresos fiscales.

En agosto de 1840 el Prefecto provincial, Manuel de Mendiburu solicitó al gobierno proteger la internación de productos a través del puerto, rebajando a la mitad o a la tercera parte los derechos que hasta ese entonces pagaban en Arica los bienes de consumo importados. A cambio, Mendiburu proponía que el comercio de cabotaje entre esos dos puertos lo realizaran exclusivamente buques nacionales.
La solicitud de Mendiburu no solo no sería escuchada. En noviembre de ese año el gobierno restableció el impuesto del cuatro por ciento sobre el quintal de salitre, gravamen que había sido abolido en agosto de 1839 por el tarapaqueño Ramón Castilla, entonces ministro de Hacienda, como una forma de estimular las exportaciones.

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