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Puerta Frontal del Templo Nuevo de Chavin
Chavín de Huántar es un asentamiento complejo del que conocemos sólo una parte, que se ha preservado debido a su monumentalidad. Hay evidencias de que el centro ceremonial tenía como núcleo este grandioso sector —lo que se conoce del Templo Antiguo y del Templo Nuevo—, pero que otras partes, hoy cubiertas o destruidas, se prolongaban por más de un kilómetro hacia el norte, donde está asentado el pueblo actual.

La porción conocida está formada por una serie de edificios de aspecto macizo, considerados templos por los arqueólogos, debido a la función religiosa que en ellos se cumplía. Estas construcciones tenían un fuerte talud en sus muros, lo que les daba un perfil piramidal. Según sabemos, no fueron hechas de una sola vez, sino progresivamente, agregando plataformas a sus estructuras originales. Uno de estos edificios, bautizado por los pobladores locales como "castillo", es una pirámide trunca mayor y el resultado final de los añadidos y reconstrucciones a los que fue sometido un bloque que es parte de él y que se conoce como Templo Antiguo, cuya característica más notable es que contiene un recinto cerrado interior donde se aloja el Lanzón.

El Templo Antiguo tiene hacia el este una plaza circular hundida que le sirve de ingreso. El Templo Nuevo, formado por diversos agregados posteriores, tiene, también hacia el este, una gran plaza cuadrangular. La entrada principal de cada uno de estos templos era un pórtico, de los que quedan restos en el Nuevo mas apenas vestigios en el Antiguo.

Los templos constituían el centro de la función ceremonial y tenían una serie de servicios anexos, tales como plataformas, plazas y terrazas, a distinto nivel, conectadas unas con otras mediante senderos y escalinatas. Casi todos estos edificios estaban costosa y cuidadosamente construidos, con piedras de diversos colores llevadas desde distintos lugares del territorio andino.

Para fines litúrgicos y ornamentales, las construcciones contaban, además, con una complicada parafernalia de columnas, dinteles, cornisas, lápidas, obeliscos y esculturas que se agregaban a sus muros o plazas y que convertían el espacio ceremonial en un hermoso escenario, adornado con las imágenes de los dioses y demonios que poblaban el panteón chavinense.

No conocemos la condición de los inmuebles o servicios destinados a suplir las necesidades domésticas, que seguramente están debajo de las viviendas de la población actual, pero no nos llamaría la atención que hubieran sido igualmente elegantes. Sabemos que la vajilla doméstica y otros recursos de consumo no diferían de los que se usaban en los templos para fines rituales, con excepción quizá de algunas piezas selectas.

Parece buena la hipótesis de que los habitantes permanentes de Chavín de Huántar fueron unos pocos sacerdotes y sus auxiliares de servicio, mientras que la mayor parte de los usuarios fueron una suerte de peregrinos que llegaban al lugar en busca de oráculos portando ofrendas de diverso tipo. Estos peregrinos, desde luego, podían permanecer en el centro ceremonial por períodos largos.

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