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Puerta Frontal del Templo Nuevo de Chavin
El Templo Nuevo es el edificio más conocido de Chavín de Huántar y la versión final de todos los proyectos arquitectónicos que allí se condujeron. Si bien esta construcción también mira hacia el oriente y la organización espacial sigue el mismo eje este-oeste del Templo Antiguo, que coincide con el curso del río Mosna, se trata de un proyecto distinto, pues las instalaciones anteriores pasaron a un nivel subsidiario o fueron cubiertas o destruidas. El núcleo principal del Templo Nuevo es un inmenso volumen piramidal trunco —el Templo Mayor—, formado a partir de varios agregados que se hicieron en el ala sur del Templo Antiguo.

El edificio estaba totalmente rodeado por una cornisa grabada en los lados visibles con imágenes de aves, serpientes y felinos. Inmediatamente debajo de la cornisa, y adheridas al muro, había cabezas antropomorfas esculpidas en piedra, a las que conocemos como "cabezas-clavas". Estas cabezas estaban a más de 12 m del piso en una parte del paramento en la que se veían finas piedras labradas que servían de enchape cara vista del templo.

Aunque no tenemos información muy clara al respecto, todo indica que los 4 m superiores del paramento del templo estaban enlucidos y, no dudamos además que cubiertos por una serie de imágenes modeladas en barro y pintadas con muchos colores, tal como ocurre en sus homólogos de la costa (Moxeke, Garagay y otros). Los 8 m inferiores estaban levantados con piedras toscas que obviamente no eran cara vista. En las excavaciones se ha encontrado restos de gruesos y bien acabados enlucidos, muy fragmentados, algunos de los cuales muestran improntas de sogas y cañas en su lado interno, y también pedazos modelados con imágenes curvilíneas pintadas.

El Templo Nuevo tenía un pórtico espectacular, al que se accedía mediante una secuencia de escalinatas que se iniciaba prácticamente en el río Mosna. Conformaban este pórtico dos columnas de piedra negra —cilíndricas y totalmente grabadas con imágenes de dos aves míticas humanizadas— que sostenían un dintel voladizo compuesto por al menos tres piedras grabadas con las figuras de siete falcónidas de perfil por un lado y probablemente otras siete por el otro.

Flanqueaba el pórtico un zócalo de casi 3 m de altura, formado por losas de piedra clara los del sur y de piedra oscura los del norte. Este zócalo era la base de un muro que protegía dos galerías de escalinatas que se iniciaban en el pórtico, iguales a las que se conservan aún en el lado norte del Templo Nuevo, y que ascendían hasta la cima de la pirámide trunca, donde había dos recintos cuadrangulares y los ingresos a otras galerías del templo. Delante del pórtico se ubicaba un pequeño atrio rectangular cuyo muro perimetral estaba cubierto con losas de piedra grabadas con una serie de personajes ligados al culto.

Hacia el este de la pirámide se abría una gran plaza cuadrangular hundida de 50 m, cada uno de cuyos lados estaba cortado al centro por una escalinata. En esta plaza hubo ornatos que hoy están perdidos. La escalinata occidental, que da acceso a la plataforma sobre la cual está el Atrio de las Lápidas, tenía un pórtico con dinteles grabados con las imágenes de personajes que bien podrían ser felinos en parejas o, como sugieren algunos arqueólogos, muy estilizados caimanes o cocodrilos. Cerca de este atrio se encontró una columna cilíndrica que no tiene grabados.

La plaza está rodeada por una plataforma que a su vez tiene dos plataformas laterales más altas —al norte y al sur—, con lo cual se obtenía una nueva versión de edificio en forma de U. Si bien ahora ya casi no existe, hasta antes de 1945 se observaba una cadena de recintos rectangulares, como los de las celdas de las galerías, en el extremo oriental del eje que cruza el centro de la pirámide y de la plaza.

El Templo Nuevo tenía mucho más. Sus terrazas, galerías, canales y otros restos arquitectónicos son aún reconocibles en los alrededores del templo y cubrían toda el área triangular emplazada entre los dos ríos, el Wacheqsa y el Mosna.

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