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Galerias en el Templo de Chavín
Las macizas plataformas piramidales de Chavín de Huántar, si bien son en efecto "macizas", contienen una serie de galerías y pasajes interiores a modo de soterrados o sótanos que se desplazan en los ejes este-oeste y norte-sur de los edificios, junto con otros similares de los alrededores, debajo de los templos o en sus costados.

Varias de estas galerías son en realidad ductos de drenaje que sirven para recoger el agua que se almacena en la superficie, por las lluvias o el transporte artificial, y luego conducirla, a través de una suerte de gran desagüe, hacia el cauce del río Mosna, en el que desemboca por una galería construida a un nivel más bajo que el del agua del río, de modo que no es posible apreciar realmente su punto de salida. De allí se deriva la historia de que existe una galería que pasa por debajo del río. Cuando el río está calmado, se puede apreciar la boca de este gran desagüe en las orillas, al pie del centro ceremonial.

Existe una hipótesis que indica que algunos de estos ductos fueron alimentados artificialmente con agua desde el río Wacheqsa para, luego de disponer su ascenso a la parte superior de una de las plataformas, soltar el agua por unos ductos de fuerte pendiente especialmente construidos para producir ruido. De este modo, el templo "tronaba" o "hablaba". Un experimento físico dio como resultado un sonido similar al del rugido de un león africano. Entre los animales sudamericanos, el único cuyo rugido es similar es el del cocodrilo de la costa ecuatorial, que vive entre los ríos Chira, Guayas y Babahoyo. Se trata de un animal inmenso, carnívoro y muy agresivo, que llega a medir más de 5 m de largo. Su rugido se escucha hasta 1 km de distancia, según dicen los guardianes de una reserva en el Babahoyo. En el Obelisco Tello hay las imágenes de un cocodrilo macho y otro hembra asociados al mullu y el pututu, que se extraen de la misma región que la de los cocodrilos, y también al jaguar, la serpiente y otros fantasmas, cuyos atributos de ferocidad, combinados, sirvieron para construir un "olimpo" de seres mágicos y poderosos.

Desde luego, no todas las galerías eran conductores de agua. También formaban recintos destinados a otros fines. En una de las galerías del Templo Antiguo se encuentra el ídolo principal de Chavín —el Lanzón—, de modo que allí mismo algunas personas solían actuar para rendirle culto. Otras galerías, cuyas funciones desconocemos aún, podían recibir grupos pequeños de gente. Lo que parece obvio es que nadie vivía en ellas permanentemente. Por otro lado, no sabemos si algunas pudieron servir como sepulturas. En el atrio del Templo Antiguo hay unas galerías en las que se depositaron ofrendas, luego de lo cual fueron selladas con piedras enormes cuidadosamente diseñadas para aquel fin. Ésa era la función de la Galería de las Ofrendas y también la de las otras galerías situadas en torno a la plaza circular: eran como sepulturas.

Las galerías no son construcciones muy complejas. En realidad son parte de la red de estructuras que se habilitaban para producir una maciza pirámide trunca: se hacía un "emparrillado" de muros que luego se rellenaba con piedras y barro, dejando algunos de los espacios libres. Sobre estos espacios se ponían vigas de piedra, más piedras y barro y una nueva "parrilla".

Algunos de los pasadizos subterráneos, como la Galería del Lanzón, que tiene forma de cruz, servían como oratorios en los que se guardaba la imagen de alguna divinidad o de personajes sagrados; otros cumplían funciones litúrgicas que desconocemos, y otros más eran lugares donde se depositaban ofrendas. Generalmente se trataba de pasajes alargados que tenían dispuestos a sus lados espacios a manera de celdas.

La Galería de los Laberintos es uno de los muchos complejos de pasajes soterrados que tiene el Templo Antiguo de Chavín de Huántar. Ubicada al costado de la Galería del Lanzón, la de los Laberintos debe su nombre a su extraña configuración.

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