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Manco Capac dibujo de Huaman Poma de Ayala
Los Comentarios Reales de los Incas o Primera parte de los Comentarios Reales es un libro histórico-literario escrito por el primer literato mestizo peruano Inca Garcilaso de la Vega y publicado en Lisboa en el año 1609 y es alli donde se narra una version de la leyenda de Manco Capac y Mama Ocllo. El cronista Inca Garcilaso de la Vega fue hijo de la ñusta Isabel Chimpu Ocllo, nieta del Inca Túpac Yupanqui.

CAPÍTULO XV.
Origen de los Incas Reyes del Perú.

Viviendo ó muriendo aquellas gentes de la manera que hemos visto, permitió Dios nuestro señor que de ellos mismos saliese un lucero del alva, que en aquellas oscurísimas tinieblas les diese...

Que por experiencia muy clara se ha notado, quanto mas prontos y áginles estaban para recibir el evangelio los Indios que los Reyes Incas sujetaron, gobernaron y enseñáron, que no las demás naciones comarcanas, donde aun no habia llegado la enseñanza de los Incas: muchas de las quales se están hoy tan barbaras y brutas como antes se estaban, con haber setenta y un años que los Españoles entráron en el Perú. Y pues estamos á la puerta de este gran laberinto, será bien pasémos adelante á dar noticia de lo que en él habia.

Despues de haber dado muchas trazas, y tomado muchos caminos para entrar á dar cuenta del orígen y principio de los Incas, Reyes naturales que fueron del Perú, me pareció que la mejor traza, y el camino mas fácil y llano, era contar lo que en mis niñeces oi muchas veces a mi madre, hermanos y tios, y a otros sus mayores, acerca de este orígen y principio: porque todo lo que por otras vias se dice de él, viene á reducirse en lo mismo que nosotros dirémos, y será mejor que se sepa por las propias palabras que los Incas lo cuentan que no por las de otros autores estraños. Es asi que residiendo mi madre en el Coxco su pátria, venian á visitarla casi cada semana los pocos parientes y parientas que de las crueldades y tiranías de Atagualpa (como en su vida contarémos) escaparon; en las quales visitas siempre sus mas ordinarias pláticas eran tratar del origen de sus Reyes, de la magestad de ellos, de la grandeza de su Imperio, de sus conquistas y hazañas, del gobierno que en paz y en guerra tenían, de las leyes que tan en provecho y favor de sus vasallos ordenaban. En suma, no dexaban cosa de las prósperas que entre ellos hubiese acaecido que no la traxesen á cuenta.

De las grandezas y prosperidades pasadas venian a las cosas presentes: lloraban sus Reyes muertos, enagenado su Imperio y acabada su república, &c. Estas y otras semejantes pláticas tenian los Incas y Pallas en sus visitas, y con la memoria del bien perdido, siempre acababan su conversacion en lágrimas y llanto, diciendo: trocósenos el reynar en vasallage, &c. En estas pláticas yo como muchacho entraba y salia muchas veces donde ellos estaban, y me holgaba de las oir, como huelgan los tales de oir fábulas. Pasando, pues, dias, meses y años, siendo ya yo de diez y seis ó diez y siete años acaeció, que estando mis parientes un dia en esta su conversion hablando de sus reyes y antiguallas, al mas anciano que era el que daba cuenta de ellas, le dixe: Inca, tio, pues no hay escritura entre vosotros, que es la que guarda la memoria de las cosas pasadas; ¿qué noticias teneis del orígen y principio de nuestros Reyes! porque allá los Españoles y las otras naciones sus comarcanas, como tienen historias divinas y humanas, saben por ellas quando empezáron a reynar sus Reyes y los agenos, y el trocarse unos Imperios en otros, hasta saber quantos mil años há que Dios crió el cielo y la tierra, que todo esto y mucho mas, saben por sus libros. Empero vosotros que careceis de ellos ¿qué memoria teneis de vuestras antiguallas? ¿Quién fué el primero de nuestros Incas? ¿cómo se llamó? ¿qué orígen tuvo su linage? ¿de qué manera empezó á reynar? ¿con qué gente y armas conquistó este grande Imperio? ¿qué orígen tuviéron nuestras hazañas?

El Inca, como que holgándose de haber oído las preguntas por el gusto que recibia de dar cuenta de ellas, se volvió á mi, que yá otras muchas veces le habia oído, mas ninguna con la atencion que entónces, y me dixo: sobrino, yo te las diré de muy buena gana, a ti te conviene oirlas y guardarlas en el corazon, es frase de ellos por decir en la memoria. Sabrás que en los siglos antiguos, toda esta region de tierra que ves, eran unos grandes montes y breñales, y las gentes en aquellos tiempos vivian como fieras y animates brutos, sin religion, ni policía, sin pueblo, ni casa, sin cultivar, ni sembrar la tierra, sin vestir, ni cubrir sus carnes, porque no sabian labrar algodon ni lana para hacer de vestir. Vivian de dos en dos, y de tres en tres como acertaban á juntarse en las cuevas y resquicios de peñas, y cabernas de la tierra: comian como bestias yerbas del campo, raíces de árboles, y la fruta inculta que ellos daban de suyo, y carne humana. Cubrian sus carnes con hojas y cortezas de árboles y pieles de animales; otros andaban en cueros. En suma vivian como venados y salvaginas, y aun en las mugeres se habian como los brutos, porque no supieron tenerlas propias y conocidas.

Adviertase, porque no enfade el repetir cantas veces estas palabras, nuestro padre el sol, que era lenguage de los Incas, y manera de veneracion y acatamiento decirlas siempre que nombraban al sol, porque se preciaban descender de él, y al que no era Inca no le era lícito tomarlas en la boca, que fuera blasfemia y lo apedrearan. Dixo el Inca: nuestro padre el sol, viendo los hombres tales como te he dicho, se apiadó y hubo lástima de ellos, y envió del cielo á la tierra un hijo y una hija de los suyos, para que los doctrinasen en el conocimiento de nuestro padre el sol, para que lo adorasen y tuviesen por su dios, y para que les diesen preceptos y leyes en que viviesen como hombres, en razon y urbanidad; para que habitasen en casas y pueblos poblados; supiesen labrar las tierras, cultivar las plantas y mieses, criar los ganados y gozar de ellos y de los frutos de la tierra, como hombres racionales y no como bestias. Con esta órden y mandato puso nuestro padre el sol estos dos hijos suyos en la laguna Titicaca, que está ochenta leguas de aquí, y les dixo que fuesen por do quisiesen, y do quiera que parasen á comer ó á dormir, procurasen hincar en el suelo una barrilla de oro de media vara en largo y dos dedos en grueso, que les dió para señal y muestra, que donde aquella barra se les hundiese, con solo un golpe que con ella diesen en tierra, allí queria el sol nuestro padre que parasen é hiciesen su asiento y corte. A lo último les dixo: quando hayais reducido esas gentes a nuestro servicio, los mantendreis en razon y justicia, con piedad, clemencia y mansedumbre, haciendo en todo oficio de padre piadoso para con sus hijos tiernos y amados, á imitacion y semejanza mia, que á todo el mundo hago bien, que les doy mi luz y claridad para que vean y hagan sus haciendas, y les caliento quando han frio, y crio sus pastos y sementeras, hago frutificar sus árboles, y multiplico sus ganados, lluevo y sereno á sus tiempos, y tengo cuidado de dar una vuelta cada dia al mundo, por ver las necesidades que en la tierra se ofrecen, para las proveer y socorrer, como sustentador y bienhechor de las gentes, quiero que vosotros imiteis este exemplo como hijos mios enviados á la tierra solo para la doctrina y beneficio de esos hombres que viven como bestias. Y desde luego os constituyo y nombro por reyes y señores de todas las gentes que asi doctrinaredes con vuestras buenas razones, obras y gobierno. Habiendo declarado su voluntad nuestro padre el sol á sus dos hijos los despidió de sí. Ellos salieron de Titicaca, caminaron al Septentrion, y por todo el camino, do quiera que paraban, tentaban hincar la barra de oro, y nunca se les hundió. Asé entraron en una venta ó dormitorio pequeño que está siete ó ocho leguas al mediodia de esta ciudad que hoy llaman Pacarec Tampu, que quiere decir venta ó dormida que amanece. Púsole este nombre el Inca porque salió de aquella dormida al tiempo que amanecia. Es uno de las pueblos que este príncipe mandó poblar despues; y sus moradores se jactan hoy grandemente del nombre porque lo impuso nuestro Inca: de allí llegaron él y su muger nuestra reyna á este valle del Cozco, que entonces todo él estaba hecho montaña brava.

CAPÍTULO XVI
Fundacion del Cozco ciudad imperial.

La primera parada que en este valle hicieron, dixo el Inca, fue en el cerro llamado Huanacauti, al mediodia de esta ciudad. Allí procuró hincar en tierra la barra de oro, la qual con mucha facilidad se les hundió al primer golpe que dieron con ella, que no la vieron mas. Entónces dixo nuestro Inca a su hermana y muger: En este valle manda nuestro padre el sol que parémos y hagamos nuestro asiento y morada, para cumplir su voluntad, Por tanto, reyna y hermana, conviene que cada uno por su parte vamos a convocar y atraer esta gente para los doctrinar y hacer el bien que nuestro padre el sol nos manda. Del cerro Huanacauti salieron nuestros primeros Reyes cada uno por su parte a convocar las gentes, y por ser aquel lugar el primero de que tenemos noticia que hubiesen hollado con sus pies, y por haber salido de allí á bien hacer á los hombres, teniamos hecho en él, como es notorio, un templo para adorar a nuestro padre el sol, en memoria de esta merced y beneficio que hizo al mundo. El príncipe fue al septentrion, y la princesa al mediodia. A todos los hombres y mugeres que hallaban por aquellos breñales les hablaban y decian, como su padre el sol los habia enviado del cielo para que fuesen maestros y bienhechores de los moradores de toda aquella tierra, sacándoles de la vida ferina que tenian, y mostrándoles a vivir como hombres; y que en cumplimiento de lo que el sol su padre les habia mandado, iban a los convocar y sacar de aquellos montes y malezas, y reducirlos a morar en pueblos poblados, y a darles para comer manjares de hombres y no de bestias. Estas cosas y otras semejantes dixeron nuestros Reyes á los primeros salvages que por estas sierras y montes hallaron: los quales viendo aquellas dos personas vestidas y adornadas con los ornamentos que nuestro padre el sol les habia dado, hábito muy diferente del que ellos traían, las orejag horadadas y tan abiertas como sus descendientes las traemos, y que en sus palabras y rostro mostraban ser hijos del sol, y que venian á los hombres para darles pueblos en que viviesen, y mantenimientos que comiesen, maravillados por una parte de lo que veian, por otra aficionados de las promesas que les hacian, les dieron entero crédito a todo lo que les dixeron, y los adoraron y reverenciaron como á hijos del sol, y obedecieron como á Reyes, y convocándose los mismos salvages unos á otros, y refiriendo las maravillas que habian visto y oido, se juntaron en gran número hombres y mugeres, y salieron con nuestros reyes para los seguir donde ellos quisiesen llevarlos.

Nuestros príncipes, viendo le mucha gente que se les allegaba, dieron orden que unos se ocupasen en proveer de su comida campestre para todos, porque la hambre no los volviese á derramar por los montes: mandó, que otros trabajasen en hacer chozas y casas, dando el Inca la traza como las habian de hacer. De esta manera se principió a poblar esta nuestra imperial ciudad, dividida en dos medios, que llamaron Hanan Cozco, que como sabes quiere decir Cozco el alto, y Hurin Cozco, que es Cozco el baxo. Los que atrajo el rey, quiso que poblasen a Hanan Cozco, y por esto le llamaron el alto, y los que convocó la reyna, que poblasen a Hurin Cozco, y por eso le llamaron el baxo. Esta division de ciudad no fue para que los de la una mitad se aventajasen á los de la otra mitad en exenciones y preeminencias, sino que todos fuesen iguales como hermanos, hijos de un padre y de una madre. Solo quiso el Inca que hubiese esta division de pueblo y diferencia de nombres alto y baxo, para que quedase perpetua memoria de que a los unos habia convocado el rey, y a los otros la reyna; y mandó, que entre ellos hubiese sola una diferencia y reconocimiento de superioridad, que los del Cozco alto fuesen respetados y tenidos como primogénitos hermanos mayores, y los del baxo fuesen como hijos segundos, y en suma fuesen como el brazo derecho y el izquierdo en qualquiera preeminencia de lugar y oficio, por haber sido los del alto atraidos por el varon y los del baxo por la hembra. A semejanza de esto hubo despues esta misma division en todos los pueblos grandes ó chicos de nuestro Imperio, que los dividieron por barrios ó por linages, diciendo Hananayllu y Hurin ayllu, que es el linage alto y el baxo; Hanan suyu y Hurin suyu, que es el distrito alto y el baxo.

Juntamente poblando la ciudad, enseñaba nuestro Inca a los Indios varones los oficios pertenecientes á varon, como romper y cultivar la tierra, y sembrar las mieses, semillas y legumbres que les mostró que eran de comer, y provechosas; para lo qual les enseñó á hacer arados y los demas instrumentos necesarios, y les dió orden y manera cómo sacasen acequias de los arroyos que corren por este valle del Cozco, hasta enseñarles á hacer el calzado que traemos. Por otra parte la reyna industriaba a las Indias en los oficios mugeriles, á hilar, texer algodon y lana, y hacer de vestir para sí y para sus maridos y hijos: deciales cómo habian de hacer los demas oficios del servicio de casa. En suma, ninguna cosa de las que pertenecen á la vida humana dexaron nuestros príncipes de enseñar a sus primeros vasallos, haciéndose el Inca rey y maestro de los varones, y la Coya reyna y maestra de las mugeres.

CAPÍTULO XVII.
Lo que reduxo el primer Inca Manco Capac.

Los mismos Indios nuevamente así reducidos, viéndose ya otros, y reconociendo los beneficios que habian recibido, con gran contento y regocijo entraban por las sierras, montes y breñales a buscar los Indios, les daban nuevas de aquellos hijos del sol, y les decian que para bien de todos ellos se habian aparecido en su tierra, y les contaban los muchos beneficios que les habian hecho; y para ser creidos les mostraron los nuevos vestidos y las nuevas comidas que comian y vestian, y que vivian en casas y pueblos. Las quales cosas oidas por los hombres silvestres, acudian en gran numero a ver las maravillas que de nuestros primeros padres, reyes y señores se decian y publicaban; y habiéndose certificado de ellas por vista de ojos, se quedaban á los servir y obedecer. De esta manera, llamándose unos a otros, y pasando la palabra de éstos á aquellos, se juntó en pocos años mucha gente: tanta, que pasados los primeros seis ó siete alios, el Inca tenia gente de guerra armada é industriada para se defender de quien quisiese ofenderle, y aun para traer por fuerza los que no quisiesen venir de grado. Enseñoles a hacer armas ofensivas, como arcos, flechas, lanzas, porras, y otras que se usas agora.

Y para abreviar las hazañas de nuestro primer Inca, te digo, que hácia el levante reduxo hasta el rio llamado Paucartampu, y al poniente, conquistó ocho leguas hasta el gran rio llamado Apurimac, y al mediodia atrajo nueve leguas hasta Quequesana. En este distrito mandó poblar nuestro Inca mas de cien pueblos, los mayores de á cien casas, y otros de a menos, segun la capacidad de los sitios, Estos fueron los primeros principios que esta nuestra ciudad tuvo para haberse fundado y poblado como la ves. Estos mismos fueron los que tuvo este nuestro grande, rico y famoso imperio que tu padre y sus compañeros nos quitaron. Estos fueron nuestros primeros Incas y Reyes que vinieron en los primeros siglos del mundo, de los quales descienden los demas Reyes que hemos tenido, y de éstos mismos descendemos todos nosotros. Quántos años ha que el sol nuestro padre envió estos sus primeros hijos, no te lo sabré decir precisamente, que son tantos que no los ha podido guardar la memoria: tenemos que son mas de quatrocientos. Nuestro Inca se llamó Manco Capac, y nuestra Coya Mama Ocllo Huaco: fueron como te he dicho, hermanos, hijos del sol y de la luna, nuestros primeros padres. Creo que te he dado larga cuenta de lo que me la pediste, y respondido a tus preguntas, y por no hacerte llorar, no he recitado esta historia con lágrimas de sangre derramadas por los ojos, como las derramo en el corazon del dolor que siento de ver nuestros Incas acabados, y nuestro Imperio perdido.

Esta larga relacion del origen de sus Reyes me dió aquel Inca, tio de mi madre, a quien yo se la pedi; la qual yo he procurado traducir fielmeme de mi lengua materna, que es la del Inca, en la agena, que es la Castellana, aunque no la he escrito con la magestad de palabras que el Inca habló, ni con toda la significacion que las de aquel lenguage tienen, que por ser tan significativo pudiera haberse estendido mucho mas de lo que se ha hecho; antes la he acortado quitando algunas cosas que pudieran hacerla odiosa; empero bastara haber sacado el verdadero sentido de ellas, que es lo que conviene á nuestra historia. Otras cosas semejantes, aunque pocas, me dixo este Inca en las visitas y pláticas que en casa de mi madre se hacian, las quales pondré adetante en sus lugares citando el autor: y pésame de no haberle preguntado otras muchas para tener ahora la noticia de ellas, sacadas de tan buen archivo para escribirlas aquí.

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