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Un oficial chileno del 3º de línea que atacó el morro de Arica en la mañana del 7 de junio de 1880, escribe en una carta como murió Alfonso Ugarte. Este testigo chileno, afirma que Alfonso Ugarte, estaba huyendo del morro y que lo vio despeñarse. Como enemigo le pareció que huía ya que no daba batalla, y lo más importante es que lo vio saltar desde el morro.



En su libro “Guerra del Pacifico: documentos oficiales, y demás publicaciones sujetas a la guerra, que ha dado a la luz la prensa de Chile, Perú y Bolivia” que escribe Pascual Ahumada, tomo III pág. 200 y 201, publica la “Carta de un oficial del 3°” de línea, la que relata lo siguiente:

El coronel Arias animo a su tropa hasta el último momento; partió la cabeza de un sablazo a uno de los nuestros que lo atacaba, e inmediatamente cayó herido de bala i bayoneta para no levantarse más. Yo con varios oficiales i soldados nos ocupamos en cortar muchas guías de las minas i el multiplicador eléctrico que estaba al pie de los cañones. No haría ocho minutos que estábamos dentro del fuerte, cuando una esplosión espantosa resonó en mis oídos, dejándome tendido i sordo por algún espacio de tiempo....

Inmediatamente que se restableció la tranquilidad, fuimos en ayuda del 4°, que atacaba el Morro, pues en el otro fuerte el enemigo hizo muy poca resistencia i se replegó a aquél; pero en el Morro la resistencia fue floja por el desaliento que se había apoderado de nuestros enemigos, así en pocos momentos quedó en poder del 4° es formidable obra de la naturaleza.

Ahí pereció el bravo Bolognesi, el comandante Moore, el coronel Ugarte, que al huir se despeñó. Por casualidad escapó herido el coronel arjentino Sáenz Peña i el coronel La Torre.

Del Morro solo alcanzaron a volar un cañón, dejando siete en buen estado.

Las municiones que existían en la plaza de Arica eran muchas, i por consiguiente, tenían para defenderse mucho tiempo.

Los soldados hicieron una gran carnicería i con razón pues se les quiso hacer volar. Yo me dirijo después que se rindió el Morro, con 25 hombres al fuerte San Jose a proteger al Lautaro que marchaba para atacarlo, i estaba como a dos cuadras de distancia cuando una inmensa columna de humo, llamas i polvo se elevo hasta los cielos, acompañado de un ruido espantoso; era el fuerte San Jose que había volado...

Las armas tomadas al enemigo pasan 3000 rifles i 13 cañones sin contar la pérdida del monitor que hechó a pique Sanchez Lagomarsino, su comandante.


Recopilación de documentos, Pascual Ahumada, tomo III pág. 200 y 201, Carta de un oficial del 3° de línea

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