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Columna Agricultores de Para en la Batalla del Alto de la Alianza el 26 de mayo de 1880.

La convocatoria consiste en el llamado que realiza el prefecto de Tacna, Don Pedro Alejandrino del Solar, qui…
Columna Agricultores de Para en la Batalla del Alto de la Alianza el 26 de mayo de 1880.

La convocatoria consiste en el llamado que realiza el prefecto de Tacna, Don Pedro Alejandrino del Solar, quien luego entrega el comando al Teniente coronel Samuel Alcázar. En aquella época, la mayoría de los agricultores trabajaban la tierra en la hacienda de Para, que en su gran extensión pertenecían a los Forero.

La toma de decisión que realizan los campesinos en el seno de su hogar junto a sus esposas e hijos, de la difícil misión que tienen que desempeñar, cual es la de luchar por la tierra donde ellos han nacido. Cuando los voluntarios pareños, viendo la coyuntura difícil de la guerra y a falta de soldados, dejan sus herramientas, y los cambian por el fusil, las prendas de campo por la indumentaria de guerra y marchan al lugar del combate donde han de dar duro apremio al enemigo invasor.

La ubicacion en el frente: Iniciado el combate, el grueso de la Columna Agricultores de Para se mantiene como cuerpo de reserva formando la División Nacionales de Tacna, y están ubicados entre el ala derecha y centro, comandadas por el almirante Lizardo Montero y Miguel Castro Pinto respectivamente, que luego refuerzan el ala izquierda de Camacho.

Horas de victoria: Al promediar las 12 del día junto a otros aliados, la Columna Para arremete junto con los Zepita, el Arica, los Colorados, y otros batallones el ala derecha enemiga, logrando hacer retrocederlos, y consiguiendo varios momentos de victoria.

A raíz de que Leiva no llega con sus tropas y a la numerosa infantería enemiga, los cuerpos de Para sufren refriegas de la metralla y fuegos de fusilería chilena, con ayuda de su caballería, y caen luchando en el campo de batalla al igual que su comandante Alcázar.



Las esposas acuden con sus meriendas desde el 2 de mayo y luego en el auxilio de sus seres queridos y soldados, en algunos casos para no permitir el repase a corvo y bayoneta del enemigo, y en otros para recoger el cuerpos de los caídos y luego sepultarlos en el panteón de Para. Otros restos que no son hallados serán cremados años después, y sus cenizas llevadas a la Cripta de los Héroes en Lima.

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