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En el siglo XX los acontecimientos relevantes de la Festividad de la Virgen de la Candelaria se resumen en: La preeminencia de la danza de los Morenos, la preponderancia de otras danzas, la prohibición del vestuario, los primeros concursos de danzas, la participación exitosa en certámenes nacionales de danza, la presencia barrial, la iniciativa del Instituto Americano de Arte, la formación de la Federación Folklórica Departamental de Puno, la recreación de algunas danzas y la influencia boliviana, visita de José María Arguedas, el desarrollo de dos certámenes de danza, y la dación de importantes dispositivos legales.

En la primera mitad del siglo XX, la danza de los Morenos o Sikumorenos gozaba de predilección en la Festividad de la Virgen de la Candelaria. Así, atestiguan las crónicas que siguen: 'ayer... Tres partidas de morenos y numerosas de indígenas, han recorrido las calles de la población con músicas tristes y bailando al compás de ellas" (EEP, 5/2/12);

"no faltaron las comparsas de sicuris y morenos" (ES, 3/2/1915); "Desde esta mañana siguen recorriendo las calles, las comparsas de morenos, haciendo las visitas de costumbre a domicilios" (EEP, 14/2/1916). En 1923, César Guillermo Corzo hacía notar que los Morenos se constituía en la danza emblemática de la fiesta patronal y la Pandilla Puneña de los carnavales, al escribir: "Morenos y pandillas, esas dos típicas manifestaciones de la raza que divinizó al Sol, son entre las ruinas colosales de los monumentos, los últimos regazos vivos del espíritu indio" (EEP' 23/5/23).

Desde la tercera década del siglo XX, otras danzas empezaban a ganar espacio; sin embargo, los Morenos seguían teniendo preeminencia hasta mediados del siglo. En la fiesta patronal de 1921, danzarines de cinco danzas distintas recorrían las calles puneñas, conforme daba cuenta un diario:

"Cinco comparsas de indios disfrazados de toreros, morenos, ángeles, diablos y llameritos, precedían a la procesión ejecutando su música y sus bailes, caprichosos y cargantes pero que agradan" (ES, 10/2/1921).

En la década del cincuenta, la Llamerada disputaba la primacía con los Morenos o Sikumorenos. En la siguiente década, se impuso la Llamerada; así, en 1966, de un total de 22 conjuntos participaban 9 llameradas, 3 sikuris y las otras danzas con menos conjuntos (LA, 8/2/66). En esos decenios surgían los conjuntos de morenadas, kullawadas y diabladas.

En los años de los setenta, paulatinamente, adquiría prestancia la Kullawada. Así, en 1975, de 25 conjuntos de la categoría "c" ("Traje de luces"), participaban 8 kullawadas, 6 diabladas, 3 sikuris, 3 morenadas y 3 reymorenos, entre otros. (LA, 10/2/75). En esa década, ganaban terreno la Morenada (y sus variantes: Rey Moreno y Rey Caporal) y la Diablada.

Desde el decenio del ochenta a la fecha, disputan la supremacía los conjuntos de sikuris (de uno y varios bombos) con las morenadas (y sus variantes), seguidos de los "carnavales" (pujllay y anata), los caporales y las diabladas.

En 1993, participaban 26 sikuris (de uno y varios bombos), 18 morenadas (incluye variantes), 9 carnavales, 7 caporales, 7 Qajelos, 6 diabladas y 5 kullawadas, entre otros. En el 2004, intervinieron: 38 sikuris (de uno y varios bombos), 21 morenadas (incluye variantes), 19 carnavales, 8 caporales y 7 diabladas, entre otros.

Los grupos de danzas, no sólo en el siglo XIX sufrían de agresiones, sino durante la primera mitad del siglo XX, cuando por orden subprefectural o municipal se prohibía el uso de disfraces o se obligaba el pago de una suma por su utilización durante la Festividad de la Virgen de la Candelaria. Al respecto, el maestro José Antonio Encinas rememoraba: "Todo lo auténtico estaba olvidado. Era de mal gusto interpretar la música aborigen. Las municipalidades prohibieron o pusieron todo género de obstáculos para que el indio continuara manteniendo sus danzas tradicionales, fuentes inapreciables de historia. La policía castigaba y multaba a las indias que ingresaban a la ciudad usando monteras" (Encinas, 1932: 86-87). Otro maestro, Julián Palacios Ríos, advertía: "Antes las autoridades prohibían a los indios bailar y tocar colectivamente en las ciudades y solo les permitían previo pago de multas" (ED, 1/3/34).

El primer concurso que se desarrolló en el marco de la Festividad de la Virgen de la Candelaria, es el de sikuris, en 1929, organizado por la Municipalidad Provincial de Puno, con el propósito de que el ganador represente a Puno en el certamen nacional de Amancaes. En tal concurso, que congrego a conjuntos de sikuris de varios distritos resultaron premiados: Sicuris de llave, Sicuris de Chucuito, Phusires de Orkopata, Sicuris Obreros y Sicuris de Huaraya (EEP' 21/2/1929).

En febrero de 1934, se realizó exitosamente un concurso de danzas a nivel departamental, organizado por el artista y escritor Darío Eguren de Larrea, para que los ganadores se presenten en el Cusco, en el certamen promovido por el cuatricentenario de su fundación española. Participaron:

Sicuris llave, Los Chiriguanos de Yunguyo, Zampoñas Muchcho de Juli, Ayarachis de Paratía, Baile de los Uros, Conjunto Coreográfico Masías, Tucumanos de Azángaro, Chunchos de Ayapata, Zampoñas de Yunguyo, Chunchos de Amantaní, Wifalas de Asillo, Aukipulis de Chucuito, Llameros y Zampoñas Orkopata (EEP' 19, 20 Y 21/2/1934). Cabe registrar a otros dos concursos de danzas, a pesar de no realizarse en el marco de la fiesta patronal, a los de 1936 y 1947.

De los concursos nacionales de danza, en las que Puno se alzó con una contundente victoria, cuentan la de 1935, en Lima, y la de 1966, en Huancayo. En la capital de la república, con ocasión del cuatricentenario de la fundación española de la ciudad de Lima, participaron el Conjunto Masías (acompañado de la Estudiantina Duncker) y el Conjunto Orkopata (con la Estudiantina Lira Puno), quienes se ubicaron en el primer y segundo lugares, respectivamente. En el Primer Festival Nacional de Bailes y Danzas Folklóricas desarrollado en Huancayo, intervinieron: Sikuris Mañazo, Morenada Orkapata, Diablada Porteño, Llamerada Huajsapatay Carnaval de Huañuscuro.

En 1954, cuando la Gobernación de Puno organizó un concurso de danzas por la Festividad de la Virgen de la Candelaria, participaron 14 conjuntos, de los cuales sólo uno era del medio urbano, nos referimos a Sikuris Mañazo. Al año siguiente, en la octava de la fiesta patronal, intervenían 5 conjuntos urbanos: Sikuris Mañazo, Collawas del Barrio Laikakota, Llameros de Barrio Azoguini, Llamerada de Laikakota y Sikuris Obrero del Arco.

En 1956, en el primer concurso patrocinado por el Instituto Americano de Arte, se incrementaba Llamerada de Santa Rosa y Morenos de Mañazo (que se desprendió de Sikuris Mañazo). De manera, que el año de 1955, marca el inicio de la presencia barrial en la Festividad de la Virgen de la Candelaria.

Con el comienzo de la presencia barrial, se dio el inicio de la recreación de danzas. En tal recreación, se filtró influencia boliviana. El siku y el pinquillo daban paso a los instrumentos de bronce. El cambio ocurrido no sólo fue en música, sino en vestuario y coreografía. Los Llameros se convertían en Llamerada, los Morenos en Morenada; después, las Kullawas en Kullawada y los Diablos en Diablada.

:¡¡;n 1956, el Instituto Americano de Arte se encargó de encauzar los concursos de danzas que ya se habían efectuado por dos años, en 1954 y 1955. El primer certamen organizado por la entidad rectora de la cultura puneña, se promocionó como Concurso de Disfraces y Música Indígena Típica y se llevó a cabo el domingo 5 de febrero de 1956, en la Plaza de Armas. En 1958, se promovió como Concurso de Danza y Música Folklóricas, con tal denominación se desarrolló el certamen dancístico hasta 1964.

El 24 de enero de 1965 se fundó la Federación Folklórica Departamental con la presidencia de Pablo Aquize Mestas. Un día después, se reunían los directivos del Instituto Americano de Arte y determinaron dejar de patrocinar el certamen dancístico. En el concurso de 1965, organizado por la Federación Folklórica Departamental de Puno y auspiciado por la Municipalidad Provincial y otras entidades, participaron 19 conjuntos, ubicándose en el primer lugar, el Carnaval de Platería con 97.65 y, en el segundo lugar, Morenada Orkapata con 95,65 puntos.

Para el certamen de 1966, la Federación Folklórica Departamental de Puno invitaba a José María Arguedas, Efraín Morote Best, Sergio Quijada Jara y Fernando Silva Santisteban, entre otras personalidades. Al año siguiente, se hacía presente en Puno el reconocido narrador peruano y el 5 de febrero apreciaba el variado, imponente y majestuoso certamen de danzas que se desarrollaba en devoción a la Virgen de la Candelaria. Un mes después, el 12 de marzo, El Comercio publicaba su famoso artículo titulado Puna, otra capital del Perú.

La trascendencia de la Festividad de la Virgen de la Candelaria hizo que se emitieran algunos dispositivos legales, de los cuales vale la pena remarcar a dos. El primero, es la Ley Nº 24325, promulgada el 5 de noviembre de 1985, por el cual se reconoce a la ciudad de Puno la categoría de Capital del Folklore Peruano. El segundo, es la Resolución Directoral Nacional W 655/INC, del 2 de setiembre del 2003, por el cual se declara Patrimonio Cultural de la Nación a la Festividad de la Virgen deja Candelaria.

Quienes visitaron y apreciaron el hermoso y variado despliegue de figuras, mudanzas, melodías y trajes en los días de la fiesta patronal de Puno, quedaron sorprendidos y complacidos; a la vez, emitieron una serie de enjuiciamientos.

Por ahora basta mostrar dos opiniones autorizadas que consideran a la Festividad de la Virgen de la Candelaria como la mayor expresión dancística del Perú y de América.

El notable artista y escritor cusqueño Darío Eguren de Larrea, en 1934 expresaba: "Puna constituye la riqueza musical y coreográfica mayor de América" (EEP' 22/1/1934).

Por su parte, José María Arguedas, en 1967, escribía: "No creemos que exista en América un acontecimiento comparable, en cuanto a danzas y música, como la fiesta de la VIRGEN DE LA CANDELARIA" (EC, 12/3/67). (René Calsín Anco).

Christian Guzmán Arias

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