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Plano de Chavin. A la izquierda, la plaza cuadrada
La imagen que tenemos de Chavín de Huántar se reduce generalmente al mal llamado "castillo", que agrupa una parte importante y prominente de los edificios sagrados de este lugar , pero que de ninguna manera constituye la totalidad del monumento. Mientras que este sector tiene una longitud de no más de 500 m en dirección norte-sur y quizá otro tanto en dirección este-oeste, el centro ceremonial en su conjunto tiene algo más de 1,8 km de longitud norte-sur y un ancho irregular desconocido, todo esto sin considerar el conjunto de servicios y unidades anexas que fueron ubicadas en diversos puntos del entorno, en las cumbres y faldas de los cerros, adonde llegaban los peregrinos antes de ingresar al núcleo teocrático del pequeño valle de Chavín. Existe información arqueológica de tres o cuatro de ellos, registrados por Julio Espejo Núñez y otros arqueólogos.

El monumento está ubicado en un cono de deyección formado por el río Wacheqsa en su desembocadura en el Mosna, en una de las partes donde el cauce de este último tiene una anchura superior a los 500 m. Este cono de deyección, de pendiente relativamente suave, está ciertamente cortado por el Wacheqsa, que de esta manera divide el centro ceremonial en dos secciones: la del sur, ocupada por los templos, y la del norte, ocupada por el pueblo actual.

El pueblo actual está asentado sobre una sección del centro ceremonial que ha sido cubierta por viviendas, calles y otros elementos urbanos contemporáneos, de modo que no podemos saber cómo era el asentamiento durante la época Chavín en esta parte. Presumimos que debió de tener plazas hundidas, terrazas y probablemente viviendas y otras obras de servicio. En otros centros homólogos es así. Es más, como hemos mencionado, no conocemos aún cuál es su extensión hacia el este y el oeste. En el este está el río Mosna, al que llegan ductos de drenaje, descritos como "galerías que pasan por debajo del río". En la otra orilla, al frente, hay restos que pueden ser parte de construcciones que hasta hoy están bajo tierra. De hecho, los restos del lado occidental, que sí existen, están cubiertos por tierra y son parte de la zona conocida como Janabarrio. Actualmente la carretera Catac-Chavín pasa por encima de estos edificios, que podrán ser liberados con el desvío de esta pista.

Hace mucho tiempo se reconocieron los vestigios de estas posibles edificaciones. Todos los chavinos encontraban cerámica fragmentada y también restos de soterrados y muros antiguos al excavar los cimientos de sus casas. Marino González examinó varios de ellos en años recientes, tanto en las proximidades del Wacheqsa, en el barrio alto (Janabarriu), como en el barrio bajo (Urabarriu), alejados 1 km uno del otro. También Jorge C. Muelle dio cuenta de estas construcciones al hacer sus excavaciones en el pueblo y lo mismo hizo Richard Burger, quien señaló este tipo de hallazgos en casi todas las suyas.

La existencia de estas dos secciones —Janabarriu y Urabarriu— en el monumento exigía un medio de comunicación entre ambas que permitiera sortear el cauce del Wacheqsa, que tiene un curso torrentoso permanente a pesar de que no es muy ancho. Hay evidencias de varias obras realizadas con este propósito por los antiguos ocupantes del sitio: por un lado se construyó un puente de piedra y el por otro se canalizó el río, al parecer para impedir los efectos de sus crecidas anuales.

El puente sobre el río Wacheqsa existió hasta 1945, cuando se produjo el aluvión de enero, y quedan todavía algunos restos de él. Según Julio Espejo Núñez, estaba construido con piedras largas labradas que cruzaban de orilla a orilla cuyos extremos se asentaban sobre sólidas bases también de piedra. Julio C. Tello encontró los restos de las obras de defensa y de dos ríos.

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