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Parte de guerra del capitán de corbeta y segundo comandante de las baterías del Morro de Arica, Manuel Ignacio Espinoza Camplodo


Parte de la Comandancia de la Batería del “Morro”
Aduana de Arica, Junio 7 de 1880.

Sr. Teniente Coronel del Detall de la Plaza.
S.T.C.

Por muerte de los SS. Coronel Jefe de esta Plaza, D. Francisco Bolognesi, y capitán de Navío Comandante de esta batería, D. Juan G. Moore, tengo el honor de participar a Ud. los acontecimientos ocurridos en ella durante la batalla de esta mañana.

A las 5 h. 30 a.m. se sintieron hacia las baterías del Este, tiros de fusil, y poco después un fuego graneado seguido por disparos de artillería; inmediatamente se tocó zafarrancho de combate; y como la retaguardia del “Morro” no estuviese defendida, se mandó la primera compañía a órdenes de su capitán, D. Cleto Martínez, a los parapetos de “Cerro Gordo”, y el resto de la gente se distribuyó dotando las tres piezas de artillería y cubriendo las trincheras de retaguardia, pues los buques enemigos estaban a muy larga distancia, lo que hacía esperar no se hiciese uso de la artillería de la cortina. Como la claridad aún era dudosa, no nos permitía distinguir claramente los objetos a la distancia de las baterías del Este, no fue posible romper los fuegos de artillería sobre ese punto hasta que se observó que desde su recinto e inmediaciones se hacía fuego sobre nosotros: rompimos entonces los fuegos, primeros a bomba y después a metralla, sobre la gente que descendía y circundaba esa ciudadela, al mismo tiempo que se hacía también nutrido fuego de fusilería. En estas circunstancias, se vieron subir por las faldas del “Morro”, dos batallones nuestros que venían desde las baterías del Norte, a la vez que Ud. replegaba, para hacer fuego sobre “Cerro Gordo”, a todas las gentes que venían en retirada de las baterías del Este; pero como aquéllas, fatigadas por la larga marcha que hacían al trote y por la pendiente de la subida, no podían venir oportunamente a la cima del cerro, a pesar del empeño que ponían, instados por sus valientes jefes, que hacían esfuerzos inauditos para conseguirlo, lograron sólo hacer subir, cada una de ellas, medio batallón de la derecha, mandados: el de “Iquique”, por su comandante el Teniente Coronel D. Roque Sáenz Peña, y el de “Tarapacá”, por su comandante el Teniente Coronel D. Ramón Zavala; los medio batallones de la izquierda no hicieron probablemente su ascensión, porque fueron flanqueados y cortados por el enemigo, que avanzaba por el Este y dominaba el “Cerro Gordo”. Los medios batallones de la derecha, unidos a la tropa que se replegaba, compuesta de algunos grupos respectivamente mandados por el Teniente Coronel D. Ricardo O’Donovan, el Sargento Mayor D. Armando Blondel, idem D. Jerónimo Salamanca, Capitán D. Cleto Martínez, y otros que no recuerdo, sostuvieron los fuegos protegidos por la gente del “Morro” que cubría los parapetos y los cañones de ese sitio, hasta que, arrollados por el número, se replegaron a las trincheras en donde se hizo una tenaz resistencia, de la que resultó muerto el valeroso comandante Zavala.

Como la resistencia se hacía imposible, porque nuestra tropa, así como la de los demás cuerpos que tenían “chassepot”, estaban desarmados, pues los rifles se habían inutilizado a consecuencia de la debilidad del percutor, producida por el uso del espiral; y por otra parte, como la artillería era ineficaz por la corta distancia e inclinación del terreno que ocupaba el enemigo, ordenó el Capitán de Navío D. Juan G. Moore, que se reventaran los cañones y que la tropa hiciera fuego en retirada, replegándose hacia el recinto de la batería. En consecuencia, se reventó el cañón de “Vorus” que estaba situado en la parte superior del polvorín; no pudiendo hacerse lo mismo con los otros, porque sus dotaciones, que cubrían las trincheras, estaban diezmadas, hallándose el condestable y los cabos de cañón heridos unos y muertos otros. Mientras tanto, la tropa que tenía su rifle en estado de servicio, seguía haciendo fuego, hasta que los enemigos invadieron el recinto haciendo descargas sobre los pocos que quedábamos allí; en esta situación llegaron a la batería, el señor Coronel D. Francisco Bolognesi, Jefe de la Plaza, Coronel D. Alfonso Ugarte, Ud., el teniente Coronel D. Roque Sáenz Peña, que venía herido, el Sargento Mayor D. Armando Blondel y otros que no recuerdo; y como era inútil toda resistencia, ordenó el señor Comandante General que se suspendieran los fuegos, lo que no pudiendo conseguirse a viva voz, el señor Coronel Ugarte fue personalmente a ordenarlo a los que disparaban situados al otro lado del cuartel, en donde dicho jefe fue muerto. Al mismo tiempo el que suscribe, por orden del señor Capitán de Navío comandante de esta batería, ordenó al capitán D. Daniel Nieto que reventara todos los cañones de la batería, y como no se encontraban los cabos del cañón, dicho capitán personalmente, logró atorar el “Vavasseur”, por no poderse reventar a consecuencia de haberse introducido la bomba explosiva sin mecha, y cargó convenientemente uno de los “Parrot”; mas, como estábamos dominados por el enemigo, no pudo continuar esta faena y se replegó hacia el asta de bandera con la poca gente que tenía y el Sargento Mayor Blondel, en donde murió este jefe.

A la vez que tenían lugar estos acontecimientos, las tropas enemigas disparaban sus armas sobre nosotros, y encontrándonos reunidos los señores Coronel Bolognesi, Capitán de Navío Moore, Teniente Coronel Sáenz Peña, Ud., el que suscribe y algunos oficiales de esta batería, vinieron aquellos sobre nosotros y, a pesar de haberse suspendido los fuegos por nuestra parte, nos hicieron descargas de los que resultaron muertos el señor Coronel Comandante General de la Plaza D. Francisco Bolognesi y el señor Capitán de Navío D. Juan G. Moore, habiendo salvado los demás por la presencia de oficiales que nos hicieron prisioneros. En esta situación se oyó una explosión producida por el cañón “Parrot” que reventaba en ese momento, cuando ya los enemigos habían arriado nuestro pabellón e izado en su lugar una banderola chilena; esta operación se practicó mucho después de ser el enemigo dueño de la batería, pues por algún tiempo permaneció izada nuestra enseña nacional, flameando en su asta, a la vez que la chilena se hallaba colocada sobre el parapeto de la cortina.

Al relacionar los hechos que anteceden. Me es satisfactorio hacer presente a Ud., que cumpliendo con los deberes de peruanos y de militares, hemos defendido palmo a palmo y hasta su límite con el mar, el terreno cuya guardia y defensa nos estaba encomendada; y que hemos sido vencidos por el número de tropa y por la superioridad de elementos.

A pesar de que a Ud. le consta, creo no deber omitir el decirle que de toda la fuerza que entró en combate, defendiendo las baterías sólo cayeron prisioneros sobre el “Morro”, ocho jefes, veinte y seis oficiales y ciento sesenta y dos individuos de tropa de todos los cuerpos de combatientes.

De la dotación de esta batería murieron además del comandante Moore, el capitán D. Cleto Martínez, teniente D. Tomás Otoya, subteniente D. Francisco Alláu; también supongo muerto al capitán D. Adolfo King, que estaba herido, cuyo paradero no he podido saber a pesar de las muchas diligencias que al efecto se han hecho. Hay heridos: teniente 1° graduado D. Miguel Espinoza, teniente D. Emilio de los Ríos, id. D. Toribio Trellez, id. D. Abelardo Calderoni, Francisco de Paula Ramírez (levemente) y el paisano voluntario D. Gustavo Monteri. De la gente no obstante que hemos tenido muchos muertos y heridos, no puedo precisar el nombre y número de todos, por la imposibilidad de averiguarlo en mi condición de prisionero, y me reservo hacerlo, cuando pueda reunir los datos necesarios, así como la lista de los individuos de tropa prisioneros.

Adjunto una relación de los jefes y oficiales de esta batería, que han asistido a esta jornada, con especificación de su condición actual.

Dios guarde a US.T.C.
M. I. Espinoza.

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